Soledad

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Soledad
Tu nombre ya no tiene nombre.
Antes te llamabas como lo que no eres mas.
Hoy nadie puede hablarte porque nada hay para nombrar.
Me dejaste lo que hoy ya no quiero.
Silencio y nada mas.

Ciudad cotidiana

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Sentarse en el cordón de la vereda y ver la vida pasar. Interesante actividad, sobre todo si no tienes nada interesante que realizar. Agudizas tus sentidos e intentas reconocer en ellos, los que pasan, un rasgo de familiaridad. Pasan los niños jugando, desinhibidos, libres, sin libretos que interpretar; madres desesperadas corriendo tras ellos, tratando de no importunar al transeúnte que camina con la vista fija hacia determinado lugar; madres que toman sol, sin importarles su alrededor, ni siquiera su descendencia que corre y grita causando pavor. Hay gente que espera, con la mirada en la nada, ro deada de muchos pero ensimismada, sola en su mundo. Día de viento, que la gente intenta campear. Se protege, se abriga, se nota en sus caras el fastidio que provoca el vendaval. Pocos jóvenes recorren la ciudad. Algún flogger, un cumbiero se confunden con el paisaje de la ciudad. La vida de ellos es nocturna, sus noches son días de radiante luna que disfrutar. Pasan las horas y nada rompe con esta cotidianidad. Sean las diez de la mañana o las seis de la tarde, todo tiende a ser igual. Un accidente de tránsito puede darle color al lugar, una pelea de perros suele escucharse en el más allá.

Sentada te empiezas a incomodar. El frío te corta la cara, pero ya lo sientes un hecho normal. Es diferente la ciudad, cuando observas con detenimiento cada detalle, cada persona, cada rincón que normalmente pasa desapercibido ante tus pasos diarios por ese lugar. Cuando no miras con cuidado, todo se convierte en rutina, difícil de sobrellevar. Cuando tomas en cuenta lo mucho que pasa, hasta la puedes disfrutar.

Es la ciudad y su cotidianidad. Perceptible solo a los ojos que la quieren mirar. Solo de ojos sensibles es ese disfrutar. Es encontrarle sabor a los días que pasan y pasan sin dejarse alcanzar.

Incomunicación

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Día 31

- No hablaré con mama, no sabrá entenderme. ¿Tú qué opinas? ¿Debería hacerlo?
- Intenta hablar con ella, al menos sabrás que lo intentaste... Yo tengo tan poca experiencia como tú en esto! No sé si deberías hacerlo, ni siquiera sé cómo es! Si quieres investigamos en Internet..


-Hay muchas formas, y todas parecen dolorosas... Hablaré con mamá mejor...

Mamá! ¿Podemos hablar?
-¿Muy urgente es? -refunfuñando-
-Es de vida o muerte mamá...
- No seas exagerada, ya sale mi avión, en una semana regreso y hablamos, sí?
-No puedo esperar una semana mamá...
-(Mientras corría a buscar sus cosas) Bueno... me escribes un mail y cuando lo lea te llamo? ya tengo que irme mi amor...


Día 32

-No puedo esperar una semana... Dicen que cuanto más tiempo pasa más peligroso es...
- ¿Y con él hablaste?
-No! ¡Sólo lo sabemos tú y yo!
-¿Y el dinero?
- Hablé con mi abuela, le pedí para comprarme algo de ropa, y ella siempre exagera y da de más. Y mamá tenía algo guardado en casa también, lo repondré de a poco, no se dará cuenta.
-¿No quieres hablar con mi mamá? ¿Con mi hermana? ¿Con alguien mayor que nosotras?
- mmm no... mañana tengo que ir... ¿me acompañas?
-............Sí.............


Día 33

-Sigues tú
y siente que un dedo la condena, y su voz responde un "si" que casi no logro escucharse
¿Cómo te llamas?
- Maira
-¿Edad?
-15 Años
-¿Viniste sola?
-Con una amiga
-¿Estas segura de esto?
-Sí...
-¿Es la primera vez que lo haces?
-Sí.
-¿Trajiste el dinero?
-Sí.
-Bueno, esta bien, acuéstate.
-¿Va a doler?
-Sólo sentirás una pequeña molestia, tranquila...

Aires de libertad

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Viviendo en pánico

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Jorge Bustamante era un joven de 20 años que estudiaba en la Universidad. Como todo alumno que finalizaba el cuatrimestre, comenzaba el largo raid de Finales que le exigían para completar el año cursado. Nunca pensó que algo tan significativo y simple a la vista de los demás, lo rodeara de dificultades tan difíciles de solucionar.

Hoy iba directo a la Universidad, a rendir su primer examen final. Caminaba despacio por el centro de la ciudad. La gente pasaba a su alrededor con la prisa irreverente del despreocupado de los demás. No estaba tranquilo, no lo podía dominar, no lo podía disimular. Le dolía el estómago, un nudo en su garganta subía y bajaba sin parar. Se sentía incómodo, pero no quiso apurar el paso para no desesperar.

Siempre las situaciones de examen le provocaban esa sensación de inseguridad. Estudiar fue su anhelo más preciado y sabía que el resultado sería de lo más beneficioso para su porvenir.

¿Sería capaz de pararse delante del tribunal y hablar demostrando dominio y seguridad?

Seguía caminando y con el avanzar de sus pasos, sus dudas se iban incrementando, sus miedos desbordándolo y las preguntas sin respuesta iban aumentando. 

Respiraba profundamente, tratando de que el aire nuevo le diera a su alma el envión que necesitaba, pero el nudo en el estómago impedía que el proceso se completara. No podía descargar el miedo y la angustia le invadía. Se sentía como la víctima indefensa camino al sacrificio. Sin embargo seguía.

Cuando llegó a la Universidad, el camino se hizo más lento. En el camino, los que lo conocían se paraban para saludarlo. .

- Hola Jorge! Cómo estás? Preparado?

- Hola! subí rápido! Mirá que el Viejo Ponce está como loco desaprobando gente! No se salva ni el que estudió!. (El viejo Ponce, era el profesor de Filosofía y tenía fama de “tirar a matar”).

- Hola Jorge! ¿qué vas a hacer cuando salgas de aquí? Te tengo una invitación!

- Hola!

- Buen día! preparado?

Tuvo la extraña sensación de haber comenzado el examen antes de enfrentar al tribunal. Tantas preguntas! A veces no entendía, porque la gente se entusiasmaba en saber cómo sufrían los demás. Pasó delante de ellos, casi sin verlos y sin contestarles también.

¿Qué esperaban? Que venga a rendir, como si nada hubiera pasado, derrochando tranquilidad, despreocupándome de todo lo que pasaba y hasta que tuviera tiempo para conversar.

Buscó sostenerse en las paredes que le rodeaban, porque el paso era lento, pero su sostén débil. Las piernas no habían dejado de temblar desde el momento en el que inició el camino. No sentías las rodillas, ni los pies, caminabas en la inseguridad del aire.

Llegó y se sentó en el banco de la sala de esperar. Con sus apuntes en mano, su libreta universitaria, sus documentos, ocupó sus manos y trató de mantener la tranquilidad.

La espera se hizo larga y sus oídos no dejaban de escuchar: “…estudien la unidad 3 que es sobre la que más pregunta…”-,”… fijense en el cuadro-resumen del libro que dio para leer, te pide que lo expliques, busquen las definiciones, porque te las pregunta!...” Si hiciera caso a todo lo que decían, ya tendría que tirarme por la ventana, porque no hay modo humano que permita recordar tanto detalle. Por más que quisieras recordar, todo se negaba a colaborar.

Su memoria se cerró. Intentó repetir palabra a palabra su presentación, pero un nubarrón cubría su mente. Un nubarrón difícil de disipar. Tanto tiempo preparándose y ni una palabra surgía de su boca. Cerraba los ojos y recorrías palmo a palmo su memoria, buscando las palabras que hace unos instantes se encadenaban armoniosamente formando su mensaje. No están. Se escondieron. Solo el vacío, la inmensidad. Terror. Pavor.

- Jorge Bustamante!!!!!! Pase por favor...

Su nombre resonó y su cuerpo lo sufrió. Casi cae al suelo. Sus piernas se negaban a avanzar. El tembladeral era peor que un temporal. Sus manos no se podían aquietar. Su boca formaba un rictus de sufrimiento, difícil de borrar.  Pero no tenía más tiempo, el tribunal examinador, lo esperaba allí y solo la inercia, logró que se pusiera en pie y se encaminara hacia ese lugar.

No quedaba más tiempo. Ya estaba ahí. No servían las excusas, ni las explicaciones. Tenía que hacer frente a la exposición. Pero algo en su interior impedía que siguiera. Ya no era el nudo en el estómago, ni las piernas que temblaban, alguien en su interior lo retenía, lo tiraba y poco a poco fue perdiendo paso, velocidad. Se fue convirtiendo en un ovillo, difícil de desenmarañar. Su mirada estaba en la nada, su sangre se helaba. Sentía que lo observaban, los ojos de una multitud intrusa que lo recorría sin permiso y no lo podía evitar.

- No puede ser! No me puede estar pasando esto ahora! Justo cuando más tranquilidad necesito. No se qué hacer para tranquilizarme – es lo que su mente repetía sin cesar.

Terror, que ni el sudor de su frente liberaba. Ya no pensaba en nada, solo en desaparecer. Era la única opción que ocupaba su pensamiento. El único camino que su voluntad aceptaba.

Pensaba que no tenía que desmerecer el deseo de su voluntad. Que no se diga que ni eso podía lograr!. . Sin pensarlo, pegó la vuelta y se echó a correr, sin mirar atrás, sin pensar siquiera qué es lo que iba a intentar.

Cuanto más lejos está, mejor siente el hecho de respirar, las piernas se fortalecen y deja de temblar. Ya puede suspirar y nada lo impedirá. Siente como la sangre en su cuerpo se vuelve a reactivar. 

Pero preocupa que no lo pueda intentar, no lo pueda lograr, era volver una vez más a fracasar y aunque quiera no poder avanzar.

Íntimamente sabe que si no lo intenta, jamás lo conseguirá. Y esto te pasa con todo, qué difícil de enfrentar!

Psicodelia

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Psicodelic Sky
Puedo sentir
tu miedo rojo.
Logro por fin,
tocar la corteza
de tu pensamiento.
Refleja el viento
el aroma sutil
de tus palabras.
El sonido
de tu adiós
tiene gusto
a desengaño.

Reset

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compuclaudia

Las idas y vueltas lo estaban desesperando. Tantas fluctuaciones había tenido su vida que ya no la podía controlar. Sus ideas sobre hechos ocurridos surgen, hace días, sin control. Se entrelazan, se chocan, provocan cortocircuitos verbales que más de una vez le provocaron problemas personales y más cosas para solucionar. Su mente estaba incontrolable. La presión que sentía sobre si mismo era enorme. Estaba agotado de tanto resistir esos cambios, que no le daban tiempo a reaccionar. Todo era un gran temporal.

Tuvo miedo a lastimar, al intentar reaccionar, en su desesperación, en su intento de escapar. Se alejó de su realidad. Intentó vivir un mundo que fue creándose a la medida de sus posibilidades, pero era un mundo irreal, que también escapaba a sus manos y no podía controlar. Se aisló sin pensar, sin mirar, sin compartir, sin vivir. Como un autómata que no tiene control de si mismo, se dedicó simplemente a "estar" .

Rápido y vertiginoso, corre el pensamiento por su mente. Con el tiempo, nada cambió y su cuerpo se convirtió en una bomba de tiempo, preparada para estallar. No es que nada a su alrededor le diera señales de lo que ocurría. Había palabras, había hechos, había pensamientos, que daban señales de alerta, que con tanta actividad no pudo ni ver, ni escuchar, ni sentir.

Giraba sus pies, no descansaba, pensaba, recordaba, traía a su mente aquellas imágenes que no podía olvidar. Su mente seguía trabajando sin parar. Sabía que esto tenía que acabar. Necesitaba darle fin a tanta locura, a tanta vertiginosidad. Necesitaba cortar tanta velocidad. Tanto fue el movimiento, que en determinado momento no supo más reaccionar, y paralizado y sin "armas" no encontraba salida que le permita escapar.

Dar fin a todo fue su idea inicial. Con el fin, decirle adiós a la desesperación, al recuerdo, al dolor, a la frustración, a la locura que lo envolvió.

¿Pero el fin, significará que podrá volver a empezar? ¿Significa que todo quedará en el olvido y que nada más lo molestará?

Frente a una decisión de vida tenía que decidir. Si no lo hubiera pensado un tiempo atrás, ni siquiera hubiera sido una opción a considerar. Ni tiempo a pensar lo que tendrá que arriesgar. Es como que después de apretar el "botón" que le de fin a todo a su alrededor, todo renacerá. ¿Esa fue su idea inicial?

Nunca se detuvo a pensar que un "reset" en su vida no ajustaría nada, no resolvería nada. Pero "reset" fue la decisión a adoptar.

Un "reset" en la vida puede significar el fin de todo, la muerte, que no tiene vuelta atrás. No hay ajuste, no hay reinicio, no hay volver a empezar, porque todo finalizará. ¿Eso era lo que esperaba? Decir adiós al recuerdo, a los hechos de la vida, a la gente de su vida.

El "reset" significaba muerte y no fue salida. No significaba trascender más allá de la vida.

En el ser humano, el reset no significa olvidar, ni tampoco abandonar. Los recuerdos seguirán y las presencias siempre estarán, hay que aprender que no te abandonarán. No hay forma de volver a empezar dejando todo atrás. La memoria nunca "en cero", "en blanco" quedará.

¿Cuándo serán tangibles las palabras?

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-¡Siempre te hablo! pareciera que no me escucharas! ¡¿Ni siquiera ves cuando se mueven mis labios?!

...(Mi amor, siempre el mismo reproche,
quisiera que entiendas...
Cuando escucho tu voz enloquezco,
veo tus labios moverse y muero por besarlos,
escucho cada una de tus palabras y encuentro en ellas todo lo que me hace feliz,
no es que quiera permanecer callado,
es que me pierdo en tus ojos,
descanso en tus labios,
me adueño de lo que dices
y me descubro queriendo escucharlo siempre.
pero no puedo, y no puedo explicarlo.
Si no tengo respuesta es porque la tienes tú,
¿Cómo lograrías entender que quiero acariciar cada cosa que dices?
Quiero abrazar tu voz como lo hago contigo,
acariciar cada palabra que dices,
incluso cuando te enojas.
Quiero la energía con la que hablas para poder besarte,
quiero el valor con el que dices las cosas mas fuertes para confesarme contigo,
quiero tomarte de la mano por siempre
y que puedas tú, como lo hago yo,
tocar cada una de mis palabras.)...


-"Siempre te escucho, amiga mía... ¿por qué piensas que no es así?"

De lo cotidiano...

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Esperando algo de la vida...?

Solía pararme en la plaza solo para sentir el tiempo pasar. Me gustaba ver a los niños correr por el pasto, alguno cayéndose para después ver si la madre lo mira y lo levanta y ahí saltar en llanto. Con el paso del tiempo me fui cansando de visitar la misma plaza a la misma hora. Para hacer ejercicio, caminaba de ida a la iglesia y me sentaba en una banca fingiendo rezar. Me gustaba sentir esa paz y quietud en el lugar. A veces solían suceder que algunas personas que frecuentaban venir a la misma hora y se sentaban conmigo a hacer la misma procesión. Entonces sonreía para mis adentros sabiéndome cómplices de ellos y dejaba que creyeran que creo. La música era otra forma de sentir el paso del tiempo. La música clásica era la mejor de todos para ver los minutos volar. Diariamente, me descubría escuchando a Vivaldi y viviendo sensaciones diferentes aun después de haberla escuchado tantas veces. Me pregunto si todos disfrutan tanto de lo cotidiano como yo.


Esperando algo de la vida...?, originalmente cargada por nidiarocio.